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miércoles, 8 de junio de 2011

Todos debemos reflexionar, en especial nuestra casta política.

“El despilfarro de recursos del paro, las desigualdades, injusticias e ineficiencias del capitalismo liberal (…), la descarada indiferencia de una arrogante élite dirigente y la incompetencia de una clase política inadecuada –todo parecía estar conectado por el absoluto fracaso para organizar mejor la sociedad.” ¿Un indignado del Movimiento 15M? ¿Un votante irritado del 22-M? No exactamente, pero la cita podría aplicarse a las protestas del 15M, que son solo la punta de uniceberg de malestar social.
La cita es del libro Postguerra del historiador Tony Judt, fallecido en 2010 (de una angustiosaenfermedad). Describe el estado de ánimo revolucionario, imperante en muchos países europeos en 1945, tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Este impulso, que apuntaba hacia una economía planificada, se recondujo hacia el Estado del Bienestar europeo.
De la misma forma, las protestas del 15M nacen de la devastación económica que la crisis actual ha traído a los irritados votantes del 22-M y especialmente a los jóvenes. Aquí van algunos datos que lo muestran:
(%, 2011:1)16 a 19 años20 a 24 años25 a 29 años
Paro654127
Empleo temporal795738
Empleo a tiempo parcial463116
No emancipados948047
.
Los jóvenes sufren unas tasas altísimas de paro, temporalidad y jornada a tiempo parcial. Además, no pueden emanciparse por la inseguridad en el empleo, los bajos salarios y la escasa accesibilidad de la vivienda (el precio medio de la vivienda representa 7.7 veces la renta disponible bruta media de los hogares y aún más para los jóvenes).
¿Por qué hay que indignarse y no resignarse? Comparemos la primera línea del cuadro anterior con las tasas de paro juvenil en varios países cercanos y en la zona del euro en 2010:
Tasa de paro (%)16 a 19 años20 a 24 años25 a 29 años
Zona del euro241914
Francia292112
Alemania11108
Holanda1174
.
Vamos, que no está escrito en ningún sitio que los jóvenes españoles tengan que sufrir tasas de paro tan altas ni tampoco la temporalidad exagerada que soportan, cuando la tasa media en la zona del euro es el 14% y no nuestro 25%.
La situación laboral de los jóvenes proviene en parte de que en España y en otros países mediterráneos se ha protegido tradicionalmente a los cabezas de familia como fuente de renta segura: se protege el empleo de los adultos y se relega a los jóvenes a contratos temporales, se negocian los salarios en función de los intereses de los indefinidos aunque así se envíe al paro a los jóvenes, se dan prestaciones por desempleo indefinidas a los mayores de 52 años mientras que los jóvenes no logran a través de múltiples contratos temporales acumular suficiente antigüedad en el empleo para percibirlas, etc.
Pero esta estructura tradicional se viene abajo. Si hace 4 años la tasa de paro de los cabezas de familia era del 6% y la de los cónyuges del 8%, ahora ambas son del 18% (entre “los” cabezas de familia, un 54% son hombres y un 46% mujeres). Por otra parte, de los 17.3 millones de hogares, en 1.8 millones (11%) el cabeza de familia está parado y en 850 mil (4%) no hay ningún perceptor de renta laboral (salario, prestación por desempleo o pensión). En un trabajo reciente, José Mª Casado, Cristina Fernández y Juan F. Jimeno destacan que un 40% de los parados vive en hogares en los que ningún miembro trabaja, superándose la cota del 38% alcanzada en 1994.
El aumento del paro entre los cabezas de familia no se debe solo a la destrucción de empleo indefinido, pues desde el máximo del empleo en 2007 se han destruido 106 mil empleos indefinidos, 1.64 millones de temporales y 610 mil de autónomos. Por tanto, muchos cabezas de familia debían de tener contrato temporal (el INE no ofrece este cruce, habría que ir a los microdatos).
El problema se agrava porque el sector público, en plena reducción del déficit, puede ayudar cada vez menos. Los parados registrados que cobran prestaciones por desempleo representaban el 72% en marzo, mientras que hace solo 8 meses alcanzaban el 80%. Y como el 43% de los parados lleva más de un año en esa situación, las prestaciones son cada vez más bajas. En 2007, las contributivas representaban el 58% y el resto eran asistenciales (que son menores), pero ahora suponen solo el 48%.
Lo que está pasando, en palabras de Luis Garicano, es que los hijos cada vez se convierten menos en padres: de los asalariados que han entrado en el mercado de trabajo desde 1990, con 45 años aún tenía un contrato temporal un 40% (ver aquí el gráfico por edad de entrada).
En suma, el esquema basado en un cabeza de familia con un empleo seguro que mantiene a los demás miembros del hogar en los malos tiempos hace aguas. Como el paro afecta a hijos y a padres, también se ha deteriorado el mecanismo de seguro por la vía de la ayuda entre hogaresde la misma familia, que tradicionalmente ha compensado la menor protección social que da el Estado en España en comparación con la Unión Europea (22.7% frente al 26.5% en la UE-25, 2008).
La simpatía que han despertado las protestas del 15M seguramente se debe en parte a que los problemas de los jóvenes son también los de los adultos. Hay que dar soluciones a ambos grupos: de ahí la propuesta reciente de Luis Garicano a los indignados de reivindicar el contrato único, a lo que yo añadiría una negociación colectiva que tenga en cuenta los intereses de todos los trabajadores y un servicio público de empleo que funcione (ver esta entrada de Florentino Felgueroso). Son medidas de reforma del Estado del Bienestar nacido en 1945 –en España 30 años después–, que ayudarían a mantenerlo vivo y a volver a hacerlo viable.

martes, 7 de junio de 2011

Nuevo retoque a la deducción por obras de mejora en la vivienda.

Medidas tributarias del Real Decreto-ley 5/2011

Cuando ha pasado poco más de un año desde que se implantó, la deducción por obras de mejora en la vivienda, ya se modifica.
Recordamos que esta nueva deducción entró en vigor para cantidades satisfechas a partir del 14 de abril de 2010, teniendo vigencia limitada hasta el 31 de diciembre de 2012.

Los cambios han sido los siguientes:

· Objeto de la deducción: además de las obras de mejora en la vivienda habitual, también se puede aplicar por obras en todo tipo de viviendas. Abarcará, por lo tanto las realizadas en vivienda alquilada, en segundas residencias o en elementos comunes de las fincas donde se ubican. No es aplicable, como antes, a obras en inmuebles afectos a actividades ni en garajes, piscinas, jardines, etc.

· Base de deducción: la base de deducción máxima anual por contribuyente pasa de 4.000 a 6.750 euros y la base máxima acumulada por vivienda en todos los años pasa de 12.000 a 20.000 euros.

· Porcentaje de deducción: se incrementa del 10 al 20%.

· Los límites de la base de deducción según la base imponible del contribuyente pasan de
33.007,20 euros a 53.007,20 euros el inferior y de 53.0007,20 euros a 71.007,20 el superior. De tal forma que habrá deducción plena para bases imponibles de hasta 53.000,20 euros y
decreciente hasta llegar a una base imponible de 71.007,20 euros anuales.

· Régimen transitorio: sobre las cantidades satisfechas antes de la entrada en vigor (hasta el 6 de mayo de 2011) se aplicará la deducción en los términos de la redacción anterior y, sobre las
cantidades satisfechas a partir del 7 de mayo de 2011, se aplicará la deducción conforme a la
nueva redacción, sin que la base anual por contribuyente o la base total de deducción pueda, en ningún caso, superar los nuevos límites.

"La crisis tiene solución; Berlín la complica"

Brillante economista y observador de la eurozona y sus desvelos, el profesor Paul De Grauwe (Ukkel, Bélgica, 1946) carga contra los errores de bulto de Europa, y en particular de Alemania, en la gestión de la crisis, de la que salva un nombre: Jean-Claude Trichet. De Grauwe atiende a EL PAÍS en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y deja en el periodista la sensación de haber escuchado uno de los discursos más sensatos sobre la historia interminable de la crisis europea.
"España es una suerte de línea roja para Europa que no se puede traspasar"
Pregunta. ¿A qué atribuye el estigma que se asocia a las reestructuraciones de deuda?
Respuesta. Ese es un tabú en muchos países avanzados y en el BCE, a pesar de las experiencias de los años noventa en América Latina y Asia, o precisamente por eso: se relaciona con países del Segundo o del Tercer Mundo. Pero en el caso de Grecia es inevitable: el país no puede pagar. Simplemente no puede. Es imposible.
P. ¿A qué espera la eurozona?
R. No sé, pero esperar y ver solo complica las cosas. Va a haber reestructuración, y hay fórmulas para minimizar su impacto: hay problemas por el efecto dominó en otros países y por las pérdidas en la banca.
P. ¿Cómo evitarlos?
R. El mecanismo de rescate (EFSF) debería emitir eurobonos y canjearlos por deuda griega con una quita similar a la que ya se ve en el mercado. Una reestructuración ordenada consiste en idear fórmulas para que la banca pueda amortiguar el golpe y para que los países más solventes no salgan perjudicados. En fin: hay que dar de una vez una solución definitiva. A la vista del fracaso de los rescates, Europa no puede seguir a base de parches. Si después de unas elecciones en Finlandia o en cualquier lado alguien decide retirar su apoyo, vendrán más problemas. La solución es el eurobono.
P. Pues va a tener que convencer de eso a Alemania.
R. Desgraciadamente, esta fórmula es inaceptable para Alemania, para Holanda y para otros países. La sola idea de los eurobonos causa escalofríos en Berlín.
P. Otro tabú.
R. La eurozona está plagada de tabúes, pero hay un problema mayor: la inconsistencia de Alemania. Berlín quiere que el sector privado pague parte de la factura desde 2013 y a la vez rechaza una reestructuración inevitable. La crisis tiene solución, pero Alemania parece empeñada en hacerlo difícil: genera incertidumbre, enciende la mecha del contagio con declaraciones desafortunadas.
P. ¿Ve un problema político?
R. Hay una crisis económica en la eurozona; peor aún es la crisis política, la incapacidad de tomar decisiones útiles. Eso es achacable a los líderes. A Alemania. Berlín cuenta una historia tramposa: la de los países pecadores. Tal vez valga para Grecia, pero hace mucho daño a la UE.
P. ¿Qué opina de la oleada de austeridad que recorre Europa?
R. La presión del norte para imponerla, para penalizar a algunos países, traerá consecuencias. La historia muestra que no es lo más inteligente ponerse a recortar el déficit drásticamente en plena recesión. Esa idea de que un sur plagado de pecadores tiene que recibir castigo es una bomba. Es evidente que Grecia tiene que cambiar, que hay que pagar impuestos, que no se puede engañar a Europa. Pero no hay que rebasar algunos límites. Es peligroso.
P. ¿Obligar a Grecia a privatizar es la receta adecuada?
R. Es un error. Vender activos ahora a unos precios de miseria no va a solucionar el déficit y más adelante restará unos ingresos preciosos.
P. ¿Qué le sugiere que algunos países estén atacando al BCE?
R. El BCE ha hecho un estupendo trabajo. Ha sostenido el sistema financiero, a los países con problemas. Trichet se enfrentó a Alemania con la compra de deuda: salvó el euro. Pero las cosas han cambiado. Esa forma histérica de alertar sobre un segundo Lehman Brothers en caso de que Grecia reestructure está desestabilizando los mercados. Son declaraciones irresponsables: Grecia no puede pagar.
P. ¿Y Portugal e Irlanda?
R. De alguna manera, al entrar en una unión monetaria y perder el control sobre el tipo de cambio, la deuda se hace más vulnerable: algunos países europeos se han visto degradados al estatus de economías emergentes. En ese estadio están esos dos países que ahora llaman periféricos. Tienen posibilidades de salir del pozo, pero no con tipos de interés como los que paga su deuda ahora mismo.
P. ¿Y España?
R. Esta no es una crisis española: es una crisis de la eurozona. España tiene su responsabilidad, pero a la vez es víctima de las decisiones de otros: antes y después de la crisis. Si Europa no está dispuesta a ayudar a España (dando de una vez por todas señales claras), va a ser difícil que la crisis deje de sobrevolar Madrid. España ha hecho muchas cosas para evitar un rescate, pero depende de lo que ocurra con Grecia, Irlanda y Portugal, con el nerviosismo de los mercados, con la posibilidad de que vuelvan ciertos movimientos irracionales. Berlín debería tener claro que España es una suerte de línea roja para Europa que no se puede traspasar. -

Elija: bancarrota o rescate

En el mundo perfecto imaginado por Berlín y el resto de líderes europeos, el gigantesco bazoca aprobado hace ya un año -750.000 millones para sofocar el incendio fiscal de la eurozona- era más que suficiente para salvar de la quema a los países con problemas y fulminar a los especuladores, a la manada de lobos que apuestan contra el euro. Pero hay fuegos -y lobos- difíciles de liquidar. El rescate fracasó en Grecia y el contagio hizo caer a Irlanda y Portugal. La siguiente ficha de ese dominó tenía que ser España, pero de momento el juego vuelve a la casilla inicial: los sucesivos y cada vez más duros planes de austeridad de Grecia no detienen la sangría, la deuda sube, la recesión se agrava, la tensión social se dispara ("¡ladrones, ladrones!", gritan a diario miles de personas frente al Parlamento, en la plaza Syntagma) y Atenas necesita al menos un segundo rescate. Más dinero. Aunque tal vez eso no sea suficiente: algo parecido a una suspensión de pagos de la deuda griega gana fuerza en Europa.
Eso sí, con un lenguaje mucho más elegante que el desagradable y tradicional impago, algo familiar en el segundo y tercer mundo, y por lo tanto un perfecto tabú en la vieja Europa. Políticos y economistas hablan de reestructurar, reesquematizar, incluso reperfilar la deuda griega. Al final, pese a las extravagancias lingüísticas, se trata de la misma idea: la imposibilidad de un país de servir al menos una parte de su deuda, y por tanto la ocasión de que el sector privado (en este caso básicamente la banca, que posee la inmensa mayoría de los bonos de los países con problemas) cargue con parte de la factura.
"Grecia no puede pagar. Es imposible, se pongan como se pongan Bruselas, París, Berlín y el Banco Central Europeo", asegura el historiador económico Barry Eichengreen desde Berkeley, California. Exactamente lo mismo, con distinto énfasis, expresa el resto de economistas consultados para este reportaje, además de la práctica totalidad de la gran banca internacional y ese ente amorfo y semidesconocido que solemos llamar mercado, que hace tiempo que descuenta para la deuda de Grecia intereses de derribo; de quiebra. Y exactamente lo contrario sostenían el BCE, el FMI y la Comisión Europea, la troika que evalúa constantemente la situación del país helénico. Hasta hace apenas unos días.
Una reestructuración de la deuda griega "no está sobre la mesa" (Jean-Claude Trichet, presidente del BCE). "Sería catastrófica" (Christine Lagarde, ministra de Finanzas francesa y máxima candidata a dirigir el FMI). "Crearía riesgos potencialmente incalculables" (Jürgen Stark, economista jefe del BCE). Y la opinión definitiva: "Sería un nuevo Lehman Brothers", profetizó hace dos semanas el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble. Suena extraño, pero Schäuble y Berlín han sido capaces de sostener una tesis y su contraria en función de cálculos puramente políticos: Alemania sugirió en su día la idea de una reestructuraciónsuave, el eufemismo preferido para una suspensión de pagos parcial -ampliando los plazos de devolución o recortando los tipos de interés- que sigue estando estigmatizada en Europa. Después se vio obligada a rechazar esa idea ante la presión del BCE, pero la tormenta ya estaba desatada en los mercados, siempre cómodos en esos arreones. El rumor ha ido ganando verosimilitud en medio de esa cacofonía de voces que es últimamente la eurozona. Hasta el punto de que ya ni siquiera el banco central está en contra de alguna forma de reestructurar en Grecia: "Siempre hemos entendido la participación del sector privado [en la reestructuración de la deuda] como una posibilidad", dijo el jueves el vicepresidente del Eurobanco, Vitor Constancio.
Siempre es una palabra que no debería estar permitida a los hombres, decía Borges. En realidad, el BCE se ha opuesto rotundamente -hasta ahora- a la reestructuración con muy buenas, con excelentes razones: el miedo a que eso abra la puerta a otras reestructuraciones en Irlanda y Portugal, el miedo a los ataques en los mercados a toda la deuda periférica e incluso a la de países como España e Italia, el miedo a que eso aminore la fuerza de los planes de austeridad, el miedo a desestabilizar la banca (y no solo en Francia y Alemania: también en Grecia, Irlanda y Portugal), "pero sobre todo la sospecha de que no es fácil que los bancos asuman pérdidas y el temor a que eso desate una enorme tensión en el mercado de seguros de impago de deuda pública (CDS) y nadie sepa qué puede suceder entonces"; todo eso explica el tono a veces histérico del BCE, explica Eichengreen, firme partidario de una reestructuración ordenada.
Ordenada es la palabra clave, aunque no parece sencillo conseguir ese orden a la hora de reestructurar. "Las autoridades europeas tienen la tentación de posponer lo inevitable con el opio de más fondos públicos para Grecia", advierte Carmen Reinhart, del Peterson Institute, que añade: "Esa resistencia, esa negación de la realidad, no hace más que echar a rodar montaña abajo una bola de nieve: la deuda de Grecia no va a dejar de aumentar y son los bancos griegos quienes más van a sufrir las consecuencias, porque las entidades alemanas y francesas llevan meses reduciendo su exposición al país. Puede que un nuevo rescate calme a los mercados a corto plazo y Europa gane tiempo para posponer una quita que es difícil de explicar y que al final requerirá más dinero público para sostener a los bancos afectados. Pero al final una reestructuración es inevitable, y probablemente no solo en Grecia: Irlanda y Portugal son de nuevo los sospechosos habituales".
Los bancos que concentran la deuda de esos países (las entidades españolas están libres de sospecha en Grecia e Irlanda, pero no en Portugal) son los que pueden sufrir con la reestructuración. Probablemente necesitarán más fondos públicos para evitar problemas: una vez más, esa vieja historia del sector público al rescate. Tomás Baliño, exsubdirector del FMI, avisa de las dobleces de ese argumento que pone el énfasis en que al final el sector privado compartirá las pérdidas: "Ese sector privado son los bancos, y si hay reestructuración las entidades financieras van a necesitar más dinero. Inyectar más fondos públicos en los bancos no va a ser fácil de explicar a los contribuyentes. De ahí el interés por esperar un poco más a que las entidades más expuestas a Grecia, Irlanda y Portugal se rearmen. Aunque también puede que al final no haya una quita y los contribuyentes paguen todos los platos rotos, como tantas otras veces".
Tanto un nuevo rescate como un impago parcial son malas noticias: algo así como escoger entre lo malo y lo peor. Lo más probable es que al final la eurozona y Grecia arbitren una solución combinada: más ayuda para Grecia a cambio de nuevas medidas de austeridad -que incluyen privatizaciones prácticamente forzosas- más un canje voluntario de la deuda griega en manos de la banca por nuevos bonos para prorrogar los vencimientos. En otras palabras: un cóctel de más recortes y reestructuración suave que no dañe a la banca; la falta de consenso en Europa no permite ir más allá en estos momentos. "Pero eso, en definitiva, supone contemporizar una vez más, poner un parche para un boquete serio. La solución definitiva solo puede llegar si Alemania se presta a tomar decisiones difíciles. Y no veo ese liderazgo capaz de trazar una línea en la arena", advierte Ken Rogoff, execonomista jefe del FMI.
Esa es una crítica recurrente en la interminable crisis del euro: la falta de liderazgo. Es una crítica injusta: "Hay un liderazgo claro y está en función de los intereses electorales de Alemania", asegura el economista griego Costas Lapavitsas, que cita ejemplos como el retraso del rescate a Grecia en mayo de 2010 y la situación de indefinición actual, con la canciller Angela Merkel perdiendo peso político en varios länder. En Alemania habrá presidenciales en 2013. Tal vez demasiado tarde; demasiado lejos como para esperar un golpe de mano contundente.
"La tendencia en Europa es siempre la patada hacia delante, consiste en retrasar las soluciones definitivas tanto como sea posible para ganar tiempo. No hay líderes: Alemania sigue desaparecida. Si todo el mundo sabe que Europa necesita más unión política, incluyendo una política fiscal única y la emisión de Eurobonos, Berlín lo único que decreta es esa estrategia de imponer más y más austeridad", ataca Dani Rodrik desde Harvard. En ese sentido, las últimas propuestas para Grecia rayan la humillación: una agencia europea que controle las privatizaciones y la recaudación de impuestos es una acusación velada de incapacidad hacia Atenas. "Condiciones más y más duras agradarán al electorado alemán, pero son económicamente muy destructivas. Las recetas impuestas a Grecia impiden la recuperación de su economía. En realidad, todo esto ha dejado de ser un problema económico para convertirse en un problema político, con intereses enfrentados: Alemania quiere proteger a sus bancos y a sus contribuyentes. Y en esas condiciones, Grecia está condenada a no salir del pozo", avisa el economista Charles Wyplosz, de visita en Madrid esta semana.
Ni uno solo de los expertos consultados lo ve claro. Eichengreen asegura que Alemania parece decidida a nombrar "un general" para poner firmes a Grecia. Lapavitsas sospecha que al final toda la crisis procede de la decisión de la eurozona de evitar a toda costa impactos sobre la banca: "La Unión sacrifica los intereses de los griegos a los intereses de los bancos". Las condiciones del rescate a Grecia son más y más duras: aun así no se atisba la salida del túnel. Lo único que crece en Grecia es la deuda y la tensión social. Hay que conocer la historia para escapar de ella: tras la I Guerra Mundial, un joven economista llamado John Maynard Keynes aseguró que las enormes cargas impuestas a Alemania como compensación por el conflicto podían tener sombrías consecuencias. Hitler acabó ascendiendo al poder tras una época de graves dificultades económicas: uno de sus primeros actos al asumir el poder en enero de 1933 fue declarar que Alemania no pagaría a sus acreedores extranjeros. Eso no es exactamente una reestructuración suave. En fin, la historia no se repite, pero a veces rima. "Y esta vez nos recuerda que estamos jugando con fuego", cierra el historiador Kevin O'Rourke desde Dublín.

La recuperación mundial sigue asentándose


El encarecimiento del petróleo, el seísmo japonés y el recalentamiento de los emergentes ralentizan la recuperación mundial.La economía global sigue avanzando a buen ritmo, aunque los últimos indicadores esbozan un escenario de suave moderación de cara al segundo trimestre. Las principales causas son el encarecimiento del petróleo, el seísmo japonés y el endurecimiento de las políticas monetarias en los países emergentes, que siguen sin conseguir alejar el espectro del sobrecalentamiento. La perspectiva de moderación ya ha sido acusada por los mercados de materias primas, en los que se ha corregido parte del rally iniciado a mediados del pasado año. En los mercados financieros destacan las nuevas turbulencias que afectan a la deuda soberana de la periferia de la eurozona, desatadas por la incertidumbre que rodea la situación de Grecia.
Estados Unidos crece menos de lo esperado pero sigue generando empleo.En Estados Unidos, el crecimiento del primer trimestre decepcionó al consenso con un avance del producto interior bruto (PIB) del 2,3% interanual, frente al 2,8% del cuarto trimestre de 2010. Este resultado lleva las previsiones de crecimiento para el conjunto de 2011 claramente por debajo del 3%. El menor dinamismo se explica por la caída de dos componentes relativamente volátiles como son el gasto público en defensa y la inversión en construcción. Sin embargo, el consumo privado mostró un buen tono, al crecer un apreciable 0,7%, pero dentro de una tónica de ralentización, que se ha visto corroborada por los resultados de las ventas minoristas de abril. En cambio, la buena marcha de los beneficios empresariales y el relativamente menor endeudamiento de las empresas no financieras ayudó a que la inversión en equipo siguiera mostrándose fuerte, con una aceleración en el primer trimestre que se concretó en un crecimiento del 3,9% intertrimestral. Por lo que se refiere al mercado de trabajo, la creación de empleo sigue siendo lenta con relación a recuperaciones anteriores, pero mantiene un ritmo apreciable.
Japón entra en recesión por el terremoto y por la dinámica bajista que la economía arrastra desde hace meses.En el apartado de precios continúa el repunte de la inflación, con un índice general de precios al consumo (IPC) que en abril subió un 3,2% interanual, cuando en enero era del 1,6%. Sin embargo, más de la mitad del repunte es atribuible al encarecimiento del petróleo que, por el momento, no se traslada a los otros sectores de la actividad económica. En este sentido, el IPC subyacente, que excluye los precios de energía y alimentación, subió un más moderado 1,3%, lastrado por la baja utilización de la capacidad productiva. Por este motivo, no prevemos cambios próximos en la política monetaria de la Fed, y no esperamos que inicie las subidas de tipos de interés antes de principios de 2012.
Otro dato de crecimiento esperado era el correspondiente a Japón, para valorar los efectos económicos del terremoto y posterior tsunami. Pues bien, el PIB retrocedió un 0,7% interanual en el primer trimestre de 2011, por efecto no solo de los fenómenos citados sino también de la dinámica bajista que la economía viene arrastrando desde mediados de 2010. Esta falta de tono de la actividad económica queda reflejada en la debilidad del consumo privado, y en la fuerte desaceleración de las exportaciones. Los primeros efectos del terremoto y de la crisis nuclear de Fukushima se dejaron sentir ya en las existencias, que contribuyeron casi a la mitad del retroceso del primer trimestre. En menor medida, la inversión en equipo también se replegó. Para el segundo trimestre del año se espera otra contracción. La conjunción de estos efectos con la situación de debilidad previa hace muy probable que la economía japonesa retroceda cerca de un 1% en el conjunto de 2011, con riesgos a la baja.
China e India se enfrentan al riesgo de sobrecalentamiento.En contraste con la situación japonesa, las grandes economías emergentes asiáticas mantienen un crecimiento robusto en un entorno de tensiones inflacionistas. La economía china avanzó un 9,7% interanual el primer trimestre del año, mientras que la inflación, que se resiste a bajar, se situó en el 5,3% en abril frente al 5,4% de marzo; para frenar el recalentamiento, las autoridades volvieron a subir el coeficiente de caja, el quinto ascenso en lo que va de año, que se añade a los cuatro aumentos del tipo de interés de referencia desde octubre, a las limitaciones de crédito y a una leve apreciación del tipo de cambio. En la India, que a finales del año pasado crecía un 8,2%, la autoridad monetaria sorprendió este mes aumentando de nuevo el tipo de referencia en 25 puntos básicos hasta el 7%, en su intento por desacelerar la escalada de la inflación, que en marzo marcó un 9%.
Buena parte de estas tensiones inflacionistas se derivan de la trayectoria de las materias primas. Sin embargo su evolución se ha frenado en las últimas semanas. El precio del petróleo deshizo parte del alza después de una racha de siete meses continuados de subidas. Entre el 20 de abril y el 20 de mayo, el precio del crudo bajó un 10,5% para situarse cerca de los 110 dólares por barril, lo que significa un incremento de alrededor del 19% desde inicios de año. El resto de las materias primas ha seguido la estela del petróleo, con excepciones entre los alimentos. Los metales básicos experimentaron retrocesos generalizados, destacando la pérdida del 10,3% del níquel. Entre los alimentos, el azúcar, el té y el café tuvieron retrocesos pero la previsión de un año seco hizo que se apreciaran el trigo, el arroz y la cebada. Por su parte, el oro se mantuvo por encima de los 1.500 dólares por onza, muy cerca de los máximos históricos alcanzados, capitalizando así las incertidumbres que siguen afectando a la economía global.
Las materias primas hacen un alto en el camino del alza de precios.En claro contraste con lo sucedido en Estados Unidos y Japón, el crecimiento económico de la eurozona batió ampliamente lo esperado por el consenso de analistas. La tasa de crecimiento del PIB del primer trimestre se incrementó en medio punto hasta el 2,5%, gracias al arranque de Alemania y Francia, que ponderan casi la mitad de la eurozona. Estos resultados fuerzan la revisión al alza del crecimiento esperado en 2011, del 1,5% hasta el 1,9%. La mala noticia es que los tres países de la eurozona intervenidos (Grecia, Irlanda y Portugal) presentaban retrocesos del PIB en tasa anual en los tres primeros meses del año.
Europa crece con fuerza pero el deterioro de la situación de Grecia desata otro episodio de turbulencias en la deuda soberana periférica.En mayo, precisamente, se ha concretado el programa de ayuda financiera a Portugal, que asciende a 78.000 millones de euros, que se harán efectivos en tres años condicionados a una reducción drástica del déficit público (9,1% del PIB en 2010) y a un conjunto de reformas económicas y financieras. Por lo que se refiere a Grecia, se discute la posibilidad de adoptar un segundo rescate, a la vista de que no se están cumpliendo los objetivos del primero. El deterioro económico y financiero del país se manifiesta, entre otros, en nuevos recortes de su rating y en una deuda pública sobre PIB que en 2011 se prevé alcance el 158%. También se ha apuntado la posibilidad de reestructurar la deuda griega a fin de reconducir la situación actual, pero el Banco Central Europeo (BCE) se opone a esta medida por sus consecuencias negativas no solo para Grecia sino también para otros países en dificultades y para el conjunto de la eurozona.
El BCE, preocupado por la subida de la inflación.En este contexto, las turbulencias en el mercado de la deuda soberana se han reavivado por el efecto contagio, llevando los diferenciales de la periférica respecto a la alemana a nuevos máximos. La deuda española, que en las últimas semanas había conseguido cerrar parte del spread, ha sufrido un aumento de la prima de riesgo hasta los niveles de marzo, cercano a los 270 puntos básicos. No obstante, y a pesar de estos repuntes puntuales de las tensiones, la evolución del spread de la deuda española con la alemana se ha comportado de manera relativamente estable a lo lar- go de los últimos meses.
El BCE, por su parte, está preocupado por salvaguardar la estabilidad de precios en un momento en que el IPC armonizado de la eurozona ha escalado hasta el 2,8% y la inflación subyacente hasta el 1,8% interanual. Así, parte del incremento de precios derivado de las subidas de la energía y de la alimentación se está trasladando al precio de venta al público de los bienes y servicios finales. Tras la subida del tipo de interés de referencia hasta el 1,25%, economistas e inversores descuentan que las próximas subidas, seguramente realizadas en tramos de 25 puntos básicos, podrían llevarse a cabo en julio y en el último trimestre del año.
El crecimiento de la economía española en el primer trimestre, mejor de lo esperado.La combinación de aumentos de los tipos de interés de referencia del BCE y la persistencia de un diferencial de tipos todavía apreciable no ayudan a la economía española a retomar la senda de recuperación necesaria tras la profunda recesión atravesada. A pesar de ello, la economía española también aportó su parte de sorpresas positivas en el primer trimestre, con un crecimiento del PIB del 0,3% respecto a finales de 2010. La tasa de avance interanual se situó en el 0,8%, dos décimas por encima de la cifra registrada el trimestre anterior. Dicho avance se nutrió principalmente del arranque de las exportaciones, sobre todo de bienes e impulsadas por el tirón francoalemán, así como por el aumento del gasto público. En contrapartida, la contribución de la demanda privada interna al crecimiento fue negativa, debido al estancamiento del consumo y al retroceso de la inversión.
Vista la evolución de los distintos elementos del PIB de enero a marzo y los indicadores disponibles, las perspectivas son que la reactivación de la economía avance a un ritmo muy contenido. Una de las claves reside en el consumo de las familias, muy condicionado por la evolución de las rentas y por el aumento de la inflación. En abril, el IPC volvió a estar marcado por la continuidad de la evolución alcista del precio del petróleo, de manera que la tasa de variación interanual del IPC aumentó dos décimas hasta el 3,8%, la tasa más alta desde septiembre de 2008. Sin embargo, esperamos que la inflación este mes haya marcado su máximo y que a partir de ahora vaya remitiendo paulatinamente. La deteriorada situación del mercado de trabajo tampoco ayuda a la mejora del gasto de consumo, con un desempleo cuya tasa alcanzó el 21,3% en el primer trimestre. En dicho periodo, la ocupación cayó un 1,4% interanual en términos de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo. No obstante, se espera que en el segundo y tercer trimestres se registre una cierta mejora en el mercado de trabajo.
El sector exterior debe aportar la mayor parte del crecimiento en los próximos trimestres.En definitiva, dada la frágil evolución que se espera de los principales componentes de la demanda interna, la capacidad de recuperación estará a expensas del sector exterior. En este sentido, el hecho de que las dos mayores economías europeas, junto a las nórdicas, hayan experimentado tasas de crecimiento elevadas en el primer trimestre mejora las perspectivas para las ventas al exterior y el volumen de turistas de los próximos meses. Fuera de la Unión Europea, el elevado crecimiento de las economías emergentes y una menor fortaleza del euro contribuirán también al sostenimiento de la actividad en un año clave para la consolidación de la recuperación.

La Caixa